calientan las manos, el vientre le arde, y su lenguaje se hace casi
ininteligible.
La expresión de su rostro semeja el de una persona embrujada, tiene la
mirada perdida, muestra poco control sobre sus actos, su cuerpo es
tembloroso y manejable y todos sus miembros están fláccidos.
De igual forma, ha succionado toda la saliva debajo de su lengua por
lo que tiene la boca extremadamente seca y una sed incontrolable. Se
pega con fuerza e insistencia al cuerpo de su compañero y busca
besarlo par aliviar su sed.
Por último, se perciben fácilmente las contracciones o latidos de su
vulva y de su jardín de jade, y todos sus fluidos fluyen con
abundancia y sin cesar.
Wu Hsien hace la advertencia final de que aún cuando la mujer alcance
el grado máximo de excitación es fundamental que el hombre no pierda
el control sobre sí mismo, para que así se beneficie de la comunión en
su totalidad sin echarlo a perder todo por una prisa o incontención
indebidas.
Valga aclarar -como siempre- que estas descripciones son sólo una guía
para comprender la actitud de la mujer y conocer así aquello que les
sucede, pero de ninguna manera se permite limitar la conducta femenina
o indicar que sólo de esta manera se evidencia la excitación en la
mujer, pues cada una es un mundo y sus reacciones y acciones pueden
ser sumamente disímiles.
fuente:http://www.solonosotras.com/archivo/29/par-tao2-281002.htm
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